Cocina de autor

22 mayo, 2015

Yo confieso. He de decir públicamente, aún a riesgo de padecer un auténtico linchamiento virtual, que no profeso la religión de la “nouvelle cuisine”, en adelante, cocina de autor.

 

En efecto, con el tiempo, han proliferado como setas, multitud de programas de contenido culinario, una parte de los cuales, tiene como epicentro esta manera de entender la gastronomía. Asumo mi estulticia en este sentido, puesto que no consigo comprender, ni comulgo con la doctrina de dicha rama culinaria.

 

Por favor, que nadie se me enfade. Solamente pretendo sazonar este post, con un cierto toque sarcástico. Y al que se ofenda, ajo y agua, perdón, cebolla caramelizada y extracto macerado de endrinas (qué chistoso estoy en el día de hoy).

 

“Mandamientos” de la cocina moderna

 

Qué torpeza la mía (prosigo con mi particular “vía crucis”), ya que no me da la mollera, para asimilar los “mandamientos” en los que se asienta la cocina de autor, a saber:

    1. Menos es más (y una porra, yo soy de “fondo de armario” espléndido).
    2. La presentación es fundamental (este axioma, lo podría dar por válido, pues es cierto que la comida entra por los ojos, se podría inferir en un alarde sinestésico).
    3. La terminología a emplear, factor de enganche: una creación de alta alcurnia, no puede denominarse de manera vulgar. Cuanto más rebuscada y excéntrica sea la nomenclatura, mejor que mejor.
    4. Importantísima, la utilización de técnicas provenientes de disciplinas científicas (enfriamiento con nitrógeno líquido, empleo de autoclaves que permitan trabajar a alta presión), mecánicas (uso del soplete, faltaría la careta de soldador para dar más empaque), Rimbombancia en estado puro.
    5. Encarecer el servicio, lo barato resulta vulgar. Pues eso, cobra la comanda a precio de oro, si quieres ser un adalid de la cocina de vanguardia.

 

cocina de autor

 

Tarea desagradecida

 

Qué le voy a hacer, no me ha llamado el señor, por el camino de los fogones. Mi especialidad, es la cocina de supervivencia. Ya me gustaría a mí, disfrutar con la elaboración de suculentos guisos, asado de carnes jugosas y preparación de postres dulzones, pero solo me deleito, con la metabolización de los mismos.

 

Lo sé, diréis que qué listo que soy, que alguien ha de preparar esas viandas, para que puedan ser degustadas por otros. Nada que objetar. Solo digo que no me produce ningún placer dicha tarea, más bien tirria. Me fascina ver cómo puede haber personas a las que les apasiona la cocina, ya que considero que suele ser muy ingrata. Mucho tiempo empleado, para que una panda de comensales ingratos, devore los manjares en pocos minutos. Lo dicho, mis reverencias a tod@s aquell@s que gozan con la gastronomía.

 

Como decía inicialmente, desde hace ya muchos años, con el precursor “Con las manos en la masa”, hasta el reciente “Masterchef”, se ha producido un auténtico aluvión de espacios dedicados a la restauración, y que han tenido bastante aceptación entre el público generalista. Creo que han realizado una labor divulgativa muy importante en este sentido, para que mucha gente se animase a “meterse en harina”.

 

En pro de la vanguardia

 

Sin embargo, la tendencia en estos momentos, es la citada cocina de autor, cuyos máximos exponentes, han adquirido fama allende nuestras fronteras, contribuyendo a consolidar internacionalmente la marca España, en lo que a lo culinario se refiere. Por todo ello, creo oportuno rendir homenaje a estos grandes empresarios.

 

Ahora bien, no podría dejar pasar esta oportunidad, sin dar un toque de atención (porque yo lo valgo) a los defensores de esta doctrina. Considero que los conceptos en los que se sustenta este arte, se están yendo por los cerros de Úbeda. Está muy bien experimentar mezclas, texturas y sabores novedosos, así como proceder al mengüe casi obsceno de las comandas, pero quizás se peque de soberbia, al encaramarse al paradigma de la modernidad.

 

Puesto que dos no riñen si uno no quiere, por supuesto, los consumidores también tenemos nuestra parte de responsabilidad en el asunto. Por pretender presentarnos como personas cultas y con paladares exquisitos, a veces, hacemos una pirueta imposible hacia el patetismo ilustrado (o más bien analfabeto), pasando por obras de arte, bocados que ni tras varios días en ayunas, captarían nuestra atención. Pero claro, ¿quién se atreve a poner el cascabel al gato?

 

He aquí el dilema, tener personalidad o no tener. Yo confieso.

 

¿Y vosotros, os consideráis unos auténticos gourmets, o por el contrario, sois fáciles de agasajar en la cocina?

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