Contraprogramación

11 abril, 2015

Cuando se inició la apertura del mercado televisivo en España, a finales de los años 80, tras la puesta en marcha de las primeras televisiones autonómicas, comenzó a desaparecer el absoluto, así como inevitable hasta la fecha, dominio de televisión española, y empezó a difuminarse el monopolio que hasta entonces, había ejercido la televisión pública en nuestro país.

 

Fin del monopolio

 

Eran tiempos, en los cuales, los responsables de contenidos del canal público nacional, no habían de estrujarse en exceso la mollera, con el objetivo de presentar una programación competitiva, precisamente porque no tenían que “batirse” con nadie. Ojo, con ésto no quiero decir que la programación no fuese atractiva, o que obedeciese a unos exiguos estándares de calidad, ni mucho menos; simplemente, no existían las presiones que en la actualidad, atormentan a las distintas productoras, atenazadas ante la amenaza de cumplir unos mínimos requerimientos de “share” (dichosa palabreja, para l@s no iniciados en la materia, o para aquell@s que no se manejen con el inglés, viene a significar, porcentaje de la audiencia correspondiente a un programa). Ya quisieran hoy en día algunos canales, disponer y nutrirse de programas de cierto calado, como muchos de los que jalonaban la parrilla televisiva de la cadena pública estatal por aquel entonces.

 

Fruto de la encarnizada competencia entre las distintas productoras y canales de televisión, se origina el fenómeno que da título a este artículo, y que constituye una de las peores pesadillas de los ávidos espectadores del medio. Me parece, no solo lícito, sino razonable, que, como empresas privadas que son (mención aparte habría de recibir las distintas televisiones públicas de diversa circunscripción territorial), se preocupen y se ocupen de escudriñar fórmulas que les habiliten para captar una mayor cuota de televidentes, que, en definitiva, les habiliten para mejorar su cuenta de resultados, a través de unos mayores ingresos por publicidad.

 

contraprogramación

 

Prácticas poco éticas

 

Sin embargo, como en la mayoría de los ámbitos de la vida, el fin, no suele justificar los medios. Tal y como he expuesto anteriormente, me parece perfectamente legítimo, aspirar a dominar el mercado, pero, no así, los métodos empleados para ello.

 

En su afán por posicionar de la mejor manera posible sus contenidos, e incluso torpedear los de la competencia, muchas cadenas cometen auténticas tropelías, tales como variar el día y/o la hora de emisión de un determinado espacio, haciéndolo incluso coincidir temporalmente con el producto estrella de su enconado adversario televisivo. Además de una falta considerable de ética y de tacto para con los espectadores, supone un desprecio absoluto de los mismos, pues se les priva de facto, de la posibilidad de visionar ciertos programas, ya sea por solapamiento con otros, o por emitirse en una franja horaria inviable para ese/a seguidor/a incondicional. Es más, descartando el altruismo, como virtud de la práctica generalidad de compañías audiovisuales, por propio interés, debieran de erradicar este tipo de conductas, pues afectan en gran medida a la marca que representan, en un tiempo donde cobra tanta importancia, la imagen que una entidad pueda transmitir a la sociedad, independientemente del sector en el que se encuadre.

 

Por ello, tendrían que articularse mecanismos para sancionar de una manera más severa a la estipulada en la actualidad, a los promotores de estas prácticas torticeras, que atentan contra el más elemental respeto a la concurrencia, puesto que no tienen en consideración a la misma, como eje fundamental de todo este lucrativo negocio.

Comentarios

3 respuestas a “Contraprogramación”

  1. Faro de Niel dice:

    […] que tiene los derechos de dicho concurso, y cuya emisión, ha provocado uno más, de los múltiples cambios de programación (maldita manía) que actualmente se llevan a cabo en el panorama […]

  2. Faro de Niel dice:

    […] Anoche permanecí sentado ante el televisor hasta altas horas, intercalando Masterchef y Supervivientes (dichosa contraprogramación). Mientras veía uno de los dos concursos, notaba un cierto grado de angustia, puesto que casi estaba más pendiente de lo que podría estar aconteciendo en el “canal damnificado”. Pero bueno, esto es harina de otro costal, de la que ya hablé en su día, en el post “contraprogramación”. […]

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