Crisis

15 abril, 2015

Desde que comenzó esta maldita crisis que nos azota, allá por el año 2007, las desigualdades sociales que experimentamos, no han parado de crecer. Poco importa ya, el análisis de sus causas, si no es para aprender de lo ocurrido, y evitar caer de nuevo en los mismos errores o imprudencias.

 

A nivel nacional, la llamada “burbuja inmobiliaria”, determinada por un crecimiento absolutamente desmesurado del parque de viviendas, ejerció un impacto demoledor sobre la economía de muchas familias, cuya mayor parte, o incluso, sus únicos ingresos, procedían de esta actividad. La construcción llegó a representar un porcentaje muy elevado de nuestro PIB, y por lo tanto, la drástica disminución del volumen de obras, tuvo unas dramáticas consecuencias, que todavía hoy en día, perduran en el tiempo.

 

Debiera entonar también, el “mea culpa”, el sistema bancario. Conocido es por todos, su implacable “ferocidad”, y las malas prácticas que, durante muchos años ha llevado a cabo, por ejemplo, mediante la concesión de créditos hipotecarios, a todas luces “inflados”, cual músculo vigorizado artificialmente a través de sustancias dopantes. No importaba si el hipotecado pudiese hacer frente a los compromisos adquiridos en sede bancaria, pues la entidad de que se tratase, analizaba de manera muy laxa, el perfil monetario del solicitante.

 

Y, por último, como no, nuestra responsabilidad como consumidores, contrayendo obligaciones, que se antojaban difíciles de asumir, sumiéndonos como sociedad, en una huida hacia delante, de futuro incierto, en la que no importaba demasiado endeudarse.

 

Todas estas circunstancias, han propiciado que atravesemos una crisis más severa que la mayoría de países de nuestro entorno, los cuales, también han sufrido los efectos de toda una serie de concatenaciones a nivel mundial, como el aumento de la inflación, estafas piramidales, retracción brusca del crédito, etc.

 

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Aumenta la “brecha” social

 

Sin embargo, donde pretendo hacer más hincapié, es en la particularidad de esta “depresión”, donde se ha agrandado la brecha social existente entre ricos y pobres. Resulta que, en el transcurso de esta situación, ha aumentado el porcentaje de beneficios de los que ya eran millonarios, mientras que el poder adquisitivo de la mayoría de la gente, ha disminuido notablemente.

 

Esto merece una reflexión, porque ¿cómo es posible que una pequeña fracción de personas acumule tanto o más, que la mayoría de personas que habitamos en este mundo?. La codicia y la corrupción enraizada en algunos gobiernos supuestamente democráticos y regímenes abiertamente dictatoriales, han propiciado el almacenamiento de bienes en muy pocas manos, dejando a la mayoría de personas de su entorno, sumidas en una pobreza tan evitable como injusta. Hay quienes, en aras de la libertad, el progreso y la democracia, valores evidentemente loables y necesarios en cualquier sociedad avanzada que se precie, han cometido auténticos desmanes para enriquecerse ilícitamente, utilizando todos los mecanismos del sistema en su propio beneficio, e instaurando toda una maquinaria putrefacta de propaganda, a través de la cual, se dedican a proclamar las bondades de su acción de gobierno, y a “contentar a sus fieles”, para que aseguren su permanencia en las instituciones.

 

Por otro lado, algunas empresas privadas, con fines respetables, a priori, han aprovechado estos momentos de confusión, paralización y de desazón, para aumentar sus márgenes de beneficios de una manera exacerbada. Aunque pueda parecer lo contrario, no está en mi ánimo, criticar al sector privado, dinamizador de la economía, por aspirar a obtener mayores ingresos y rentabilizar sus inversiones como crean oportuno. Pero, sí me parece necesario, exponer al juicio de la opinión pública, a aquellos pequeños y grandes empresarios, que han querido basar su acción de negocio, o creen haber encontrado una fórmula de expansión del mismo, en rapiñar a l@s más desfavorecid@s, y que no han tenido consideración alguna, con aquell@s que atravesaban situaciones dramáticas, observándoles meramente como potenciales generadores y amplificadores de su riqueza.

 

En estos tiempos, ha de cobrar mucha mayor importancia, la responsabilidad social corporativa, no solamente como una declaración de intenciones meramente testimonial, y publicitada a bombo y platillo, para contribuir a la mejora de imagen de una compañía, sino que debiera aplicarse con mayor profundidad, de manera que éstas pudieran revertir parte de sus beneficios en contribuir a la acción social (como ocurre en algunos casos) y se doten de una mayor sensibilidad y ética para con sus clientes. En una visión cortoplacista, las empresas obvian de alguna manera, las necesidades de sus consumidores, y considero errónea esa política, pues éstas pueden fidelizar clientes, dotándose de un valor añadido, que a medio y largo plazo, les permitirá obtener más beneficios, gracias a su flexibilidad.

Comentarios

4 respuestas a “Crisis”

  1. Faro de Niel dice:

    […] los tiempos en que vivimos, en especial, ante la grave incidencia de esta cruenta crisis, muchos mal llamados empresarios, han aprovechado para “sacar tajada” de este embrollo en el […]

  2. Susy dice:

    I read your posnitg and was jealous

  3. Faro de Niel dice:

    […] el inicio de esta maldita crisis (económica y de valores) se han multiplicado los casos de incapacidad laboral, debido al creciente […]

  4. Faro de Niel dice:

    […] nietos al colegio, ayudan con recados pendientes, y sobre todo, durante estos años convulsos de crisis que estamos atravesando, soportan con sus exiguas pensiones, la carga económica del núcleo […]

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