Discriminación positiva

28 abril, 2015

En cuántas ocasiones, por tratar de resolver una situación que consideramos injusta, se comete un atropello todavía mayor. Recordad la disyuntiva, “¿el fin justifica los medios?”. Soy de los que opinan, que importan, y mucho, las formas y el camino elegido para obtener el rédito esperado.

 

Con la terminología que señala el título, que da pie al contenido de este artículo, se hace referencia a la acción de redistribución del peso que ostentan distintos factores, para conseguir el deseado equilibrio en un ámbito determinado. En circunstancias concretas, en lugar de intentar obtener lo que se pretende, impulsando actuaciones en beneficio de dicho fin, se promueven actos en detrimento de la coyuntura que resulta predominante hasta entonces. Es decir, se actúa por demérito.

 

La discriminación positiva se da en muchos ámbitos de la vida, pero en este caso, va a ser objeto de mi disertación, la que se produce en el entorno laboral, por la disparidad de trato, en función de la descendencia que un trabajador pueda poseer.

 

Y es que, quién no ha padecido en sus propias carnes, o ha asistido a una injusticia de semejantes características, en su puesto de trabajo. Es muy propio de las estructuras dominantes en las empresas, el organizar o privilegiar turnos de trabajo, vacaciones o cualesquiera otras preferencias, priorizando a los trabajadores que tienen hij@s a su cargo, frente a los que no poseen herederos.

 

discriminación positiva

 

Jefes cómplices

 

Para ilustrar de una manera más didáctica este propósito, me serviré de una de las múltiples anécdotas, que he podido vislumbrar en el marco profesional, en este sentido. Hace un tiempo, en una de las diversas reuniones que acontecían en el despacho del director de departamento, al hilo de la estructuración de los tiempos de trabajo y la posibilidad de optimizar el mismo mediante la implantación de horas extraordinarias, éste señalaba la preeminencia de un jefe de sección para no ser partícipe de esta “ayuda suplementaria”, argumentando que al ser padre de familia numerosa, tenía justificada su salida, en el horario estipulado. Para eso ya estábamos los egoístas y egocéntricos trabajadores que no teníamos vástagos, considerándonos cual narcisistas que no estaban dispuestos a afrontar la pérdida de libertad que conlleva la educación y el cuidado de l@s hij@s. ¡Qué gran sapiencia y ecuanimidad de aquellos grandes gurús de la toma de decisiones! Claro, si tú no has sido padre o madre, eres un empleado de “segunda categoría”, y has de supeditar la organización de tu tiempo libre, al amparo de aquellos denodados y entregados padres y madres de familia.

 

Que conste, que con este alegato, no opongo en ningún momento, resistencia alguna frente a un derecho que tienen los seres humanos, como es el de ejercer su paternidad o maternidad, libremente y en las condiciones que consideren más oportunas y que sus posibilidades les permitan.

 

Lo que ya no me parece tan respetable, es el hecho de “penalizar” a aquell@s, que haciendo uso de la misma libertad de que gozan los primeros, han optado por no tener descendencia, o simplemente, no han podido, sean cuales fueren, los motivos que les hayan llevado a semejante tesitura, desde fisiológicos, hasta económicos, pasando por los meramente conceptuales o éticos, no por ello de menor relevancia.

 

Ser padre o madre, es una decisión vital, que concierne a cada cual, en su esfera personal y privada, pero no ha de entenderse como una prebenda que pueda emplearse en su provecho, o mejor dicho, como desdoro de los que no comulgan con ese modo de vida.

 

La evolución consiste en tratar de mejorar aquellos aspectos de nuestra sociedad, que son susceptibles de transformación, para lograr que la humanidad avance en justicia, igualdad y honestidad. No ignoro la importancia que tiene en cualquier especie, la perpetuación en el tiempo a través de la procreación, pero no me parece honesto, esgrimir este motivo para premiar o defenestrar, según se quiera ver, a las personas según su catalogación como padres o madres.

 

En definitiva, considero que los poderes públicos han de evitar que se produzcan situaciones de discriminación de cualquier índole. Las hay de orígenes muy diversos, pero como expuse al inicio de este post, hoy me ha parecido oportuno presentaros mi reflexión sobre este particular. ¿Qué opináis?

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