Gobernabilidad

11 mayo, 2015

En menos de dos semanas, se celebrarán elecciones municipales y autonómicas, en todas las regiones españolas, a excepción de Andalucía, Cataluña (donde posiblemente se oficien en septiembre), Galicia y País Vasco.

 

Hace ya más de mes y medio, que tuvieron lugar los comicios al parlamento autonómico andaluz, sin que hasta el momento, haya el menor atisbo de formación de gobierno alguno, en parte, debido a los designios de la caprichosa aritmética, que a nadie parece satisfacer.

 

Durante los últimos años, han ido surgiendo diversos partidos políticos, que con mayor o menor éxito, en lo que se refiere a su conexión con el electorado, han ido poblando la lista de opciones políticas concurrentes a los sufragios.

 

Múltiples partidos políticos

 

No se trata de un fenómeno nuevo, el de la multiplicidad de formaciones presentadas a unas elecciones. Recuerdo ya, desde hace un buen puñado de años, el desproporcionado “surtido” de agrupaciones confluyentes a las mismas, muchas de ellas, de rocambolesco nombre e inverosímil programa.

 

Sin embargo, pese a la eclosión de semejante versatilidad de alternativas elegibles, en cada cita con las urnas, en lo que respecta a las elecciones generales, el ramillete de posibilidades quedaba reducido drásticamente a los dos partidos mayoritarios de este país, PSOE y PP (ay, cuántas veces hemos escuchado en los últimos tiempos, la palabra “bipartidismo”, se me “parte” el alma) y a alguna otra formación (me refiero a izquierda unida) injustamente tratada por la ley orgánica del régimen electoral general. En las votaciones acontecidas en algunas autonomías, a estos actores, se sumaba algún partido nacionalista (CiU, PNV, etc.) con diferente aceptación, según los casos.

 

A pesar de la gran oferta de agrupaciones seleccionables, la criba establecida desde un principio, era enorme, por aquello del “voto útil”. Cuántas veces se nos ha insistido, en no “entregar” nuestra papeleta, a formaciones de dudosa reputación, y sobre todo, de incapacidad manifiesta para ejercer la acción de gobierno, o al menos, actuar de bisagra en los consabidos pactos postelectorales.

 

Tradicionalmente, la dispersión del voto era bastante ínfima, por los motivos que he comentado. Sin embargo, el panorama actual, dibuja una situación radicalmente opuesta a la vivida hasta entonces. Han surgido tres nuevos partidos, fundamentalmente (UPyD, Ciudadanos y Podemos) que, dejando a un lado sus diferencias ideológicas y conceptuales, y por supuesto, la disparidad de acierto, en cuanto al grado de inmersión en el “corazón” de la sociedad, han dinamitado el esquema tradicional existente.

 

gobernabilidad

 

Mejores resultados

 

Porque ahora, estos partidos, sí cuentan (como digo, con éxito dispar) con un respaldo importante de la ciudadanía, no sabiendo qué ha factor ha contribuido más, en su ascenso en las encuestas: su propio mérito a la hora de realizar propuestas de calado, para afrontar temas tan poco encarrilados, como la actual crisis económica, o por el contrario, responde a un demérito de sus añejos y archiconocidos (a la par que desgastados), adversarios políticos, debido a una escalera infinita de corrupción y abuso de poder, fruto de interminables períodos aferrados al poder.

 

Estamos asistiendo a un nuevo escenario, y a sus consecuencias, ya visibles en territorio andaluz. Considero la pluralidad como necesaria, pues posibilita una mayor libertad de elección, al aumentar las opciones disponibles, pero como casi todo, también tiene sus contras.

 

Ya son dos, las sesiones de investidura fallidas en Andalucía, pues el puzzle resultante de los últimos sufragios, dibujaba un mapa muy abierto, en el que era más obligado que nunca, el consenso entre formaciones políticas. Porque ahora es necesario, el entendimiento, no solo de dos, sino incluso de tres o más partidos, para la formación de gobiernos estables.

 

Cada vez, será más complicada la obtención de la ansiada “mayoría absoluta”, que algunos han utilizado en este país, para gobernar de espaldas a la ciudadanía, puesto que, al alcanzar esa celebérrima cota, no precisaban del apoyo parlamentario de ningún grupo, para legislar.

 

Difícil consenso

 

En pro del consenso, el aumento de la dificultad para la adquisición de este supuesto, es positiva. Pero, si nos vamos al otro extremo, donde se prevé una mayor facilidad para posibilitar la toma de gobiernos, a modo de rehenes, por opciones políticas con menor número de escaños, sería como salir de Málaga para meternos en Malagón.

 

Donde conocen muy bien los efectos de estas nuevas incorporaciones, es en Italia, donde durante años, poco más o menos que ha resultado un milagro, la gobernabilidad de las instituciones, debido a la ardua y tediosa labor parlamentaria de “encaje de bolillos”, surgida a consecuencia de las variopintas composiciones de las distintas cámaras de representación.

 

Aunque todavía es aventurado saber cómo vamos a desenvolvernos en este sentido, a partir de ahora, con este cambio de marco, ¿cómo creéis que puede afectar, la irrupción meteórica de estos nuevos partidos? ¿Los consideráis preparados para gobernar?

Comentarios

Una respuesta a “Gobernabilidad”

  1. Faro de Niel dice:

    […] en la que necesariamente, se han de producir infinidad de pactos electorales para garantizar la gobernabilidad en muchos municipios y comunidades […]

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