Gracias, mayores

1 octubre, 2015

Qué importancia tienen en nuestra vida, las personas mayores. Son el soporte vital sobre el que se vertebra la estabilidad de multitud de familias: por citar algunos ejemplos, entre otras muchas cosas, acompañan a los nietos al colegio, ayudan con recados pendientes, y sobre todo, durante estos años convulsos de crisis que estamos atravesando, soportan con sus exiguas pensiones, la carga económica del núcleo familiar.

 

A mi modo de ver, las personas mayores, representan un pilar fundamental de nuestra sociedad, injustamente valorado. Es verdaderamente triste, pero la realidad es que suelen constituir un verdadero quebradero de cabeza para la administración tributaria, puesto que son considerados únicamente como perceptores de prestaciones, es decir, como una carga para las arcas del estado. Aquí cobra todo el sentido del mundo, aquello de que “somos números”.

 

Dejando de lado, la condición fagocitaria de la administración de hacienda (por otro lado, inherente a la misma), querría centrarme en este post, en el aspecto semántico de la palabra que encabeza el mismo, así como en sus implicaciones.

 

mayores

 

Mayores, no quiere decir menos válidos

 

La palabra mayor, o el plural mayores, es un adjetivo comparativo, que como su propio nombre indica, no ha de emplearse en términos absolutos, sino que requiere de la confrontación de varios elementos, para poder establecer así una comparación. Puede hacer referencia a la estatura, a la edad, o a cualquier otro atributo susceptible de poder ser cotejado.

 

En este contexto, generalmente, empleamos la palabra “mayores”, para referirnos a un colectivo de personas que se encuentran en la cúspide de la pirámide poblacional en cuestión de edad, jubilados en lo referente a su situación administrativa. Sin embargo, no debiéramos utilizar este adjetivo, con un sentido incapacitante.

 

Quiere esto decir, que el ser mayor, no ha de ser necesariamente, sinónimo de taras o de deficiencias. Evidentemente, el paso de los años, hace mella en cualquier persona, fundamentalmente en el plano físico.

 

Pero, exceptuando las inevitables y desgraciadas situaciones de enfermedades mentales que pueden afectarnos (alzheimer, demencia senil, etc.), por lo general, la capacidad de raciocinio y de reflexión, se mantienen intactas en estas personas. A este hecho, hay que sumar el plus de experiencia acumulado durante su tránsito vital, lo cual las hace ser acreedoras de un gran patrimonio intelectual.

 

Sin embargo, desde algunos sectores, parecen no querer darse cuenta de esta circunstancia. Estamos impregnados como sociedad, de un pragmatismo exacerbado, de un cortoplacismo miope, puesto que en muchas ocasiones somos valorados únicamente en función de nuestra “rentabilidad económica”.

 

Utilidad

 

Necesariamente, han de articularse mecanismos para que toda esta sapiencia y sabiduría no caigan en saco roto, y puedan establecerse puentes de comunicación bidireccionales entre este colectivo y el resto de la sociedad. Fruto de ellos, solo puede producirse un enriquecimiento mutuo, basado en la adquisición de conocimientos, fundamentalmente por parte de los más jóvenes, y en el agradecido sentimiento de utilidad de estos mayores.

 

¿Qué opinión tenéis sobre los mayores de nuestra sociedad? ¿Cuál es vuestra experiencia en este sentido?

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