Incapacidad laboral

16 julio, 2015

Desde el inicio de esta maldita crisis (económica y de valores) se han multiplicado los casos de incapacidad laboral, debido al creciente estrés al que los trabajadores se encuentran sometidos.

 

Se da la circunstancia de que, a aquellas personas que vienen conservando a duras penas su empleo, desde puestos ejecutivos de las propias compañías, y desde otros estamentos públicos, se les considera privilegiados por dicha condición, hecho que sin dejar de ser cierto, encierra tras sí, una perversa maniobra de demonización personal.

 

incapacidad laboral

 

Mismo tiempo, menos gente

 

En primer lugar, se les conmina a desempeñar su cometido con celeridad y profesionalidad, puesto que se les hace ver, que tienen una “suerte suprema”, ya que tienen una ocupación remunerada en estos tiempos convulsos.

 

Además, debido a las feroces políticas de reducción de costes y personal ejecutadas por las empresas, y fomentadas por una legislación voraz con los derechos laborales de los trabajadores, en muchas ocasiones, se sigue desarrollando un volumen de trabajo muy similar al que podía asumirse en épocas anteriores más prósperas, pero eso sí, con un menor número de empleados, lo que genera una sobrecarga de trabajo y un plus de estrés.

 

Es palpable que quienes ya han perdido su medio de subsistencia, lo están pasando realmente mal, teniendo enormes dificultades, incluso para satisfacer sus necesidades más básicas y afrontar sus pagos a las entidades bancarias.

 

Sin embargo, en este post, pongo el foco de atención, sobre aquellas personas que, como consecuencia de una situación de enorme ansiedad, mantenida en el tiempo, se han visto obligadas a dar un paso al lado, y solicitar una baja laboral, por no ser capaces de seguir el vertiginoso, y a veces despiadado, ritmo de trabajo establecido en sus empresas.

 

En tierra de nadie

 

Se podría decir que estas personas, se encuentran en tierra de nadie, ya que son vistas por unos y otros (trabajadores en activo y desempleados) con cierto recelo.

 

Por un lado, algunos de sus propios compañeros de trabajo, ante una eventual situación de interrupción periódica de sus obligaciones laborales, les contemplan como personas con un carácter “débil”, no aptas para superar la exigencia de un entorno competitivo. Son considerados como una rémora para la organización.

 

De otra parte, se sitúan aquellas personas en paro, que pueden interpretar la incapacidad laboral temporal, como una “frivolidad” o “capricho”, al considerar que no valoran lo suficiente, su “privilegiada posición”.

 

Resulta muy burdo generalizar este tipo de comportamientos, en ambos colectivos, pero sí que he podido comprobar bastantes casos como los descritos anteriormente.

 

Coherencia y responsabilidad

 

Debemos ser coherentes y sobre todo, hacer gala de una empatía adecuada para pensar cómo se pueden ver las cosas desde diversos puntos de vista, ya que muy probablemente, existen razones válidas por parte de unos y otros para sentirse agraviados.

 

No pretendo ser juez, ni tampoco parte, en este asunto. Cada cual, tiene unos motivos y está imbuido de unas circunstancias, que determinan su posicionamiento en este sentido. No olvidemos que a cualquiera, le puede cambiar repentinamente su situación al respecto.

 

¿Qué opináis? ¿Cuál ha sido vuestra experiencia en este ámbito?

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