La paja y la viga

7 abril, 2015

Con frecuencia, censuramos en los demás, opiniones o comportamientos, que, de tener como protagonistas a nosotros mismos, o a alguien a quien profesamos afecto, enjuiciamos de una manera muy distinta, exonerando de cualquier responsabilidad al prójimo o a nuestra persona.

 

Los mismos hechos, son vistos por nosotros bajo un prisma muy diferente, según sea el grado de afinidad que tengamos con el/la protagonista de estas acciones o comentarios. La propia dimensión de las opiniones vertidas o de las actividades realizadas por un individuo, queda a menudo minimizada y opacada por un envoltorio de subjetividad, constituido por “ingredientes”, tales como, las creencias personales (propias o heredadas de nuestros familiares), el entorno social en el que nos desenvolvemos, o la capacidad de empatizar con el interlocutor, los cuales, en definitiva, van a determinar nuestra querencia o aversión por el interfecto. De ahí, el dicho de, “ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio”.

 

Inevitable el sesgo en nuestra percepción

 

Es inevitable que se dé este comportamiento en el ser humano, pues la realidad no es única o fija, sino que está compuesta por muchos matices que conducen a esta variabilidad, en cuanto a las interpretaciones de la misma se refiere. Esta multiplicidad no ha de verse como algo negativo, siempre y cuando, dicha parcialidad, inherente a la condición humana, no transluzca una injusticia flagrante o una abyecta finalidad.

 

No podemos desprendernos de nuestra capacidad de análisis de la realidad, por cuanto que somos seres racionales determinados por unas cualidades de pensamiento e interpretación que, de alguna manera, nos inducen a decodificar de una manera muy particular, los estímulos a los que estamos sometidos. No es posible, equiparar nuestro modo de actuar, al de una máquina que reacciona invariablemente ante la misma instrucción que se le transmite, independientemente de que el día esté nublado o haga un sol de justicia, que sea un día laborable o festivo, o que lo ordene una persona u otra, ya que estos “artilugios”, no responden a consideraciones de tipo psíquico o emocional.

La paja y la viga

Política de ciencia-ficción

 

Entre nuestra clase política, lamentablemente, abunda esta práctica de la distorsión exagerada de la realidad, hasta extremos insospechables, con el objetivo de obtener un rédito electoral que les permita apoltronarse en las instituciones y perpetuarse en el poder. Es en este punto, donde se pone de manifiesto la actitud cainita de algun@s (que ensombrecen la encomiable labor del resto), para manejar y tergiversar los hechos a su antojo, porque hay algo peor que no decir la verdad o mentir, y es el decir medias verdades. Es evidente, que se puede “ver el vaso medio lleno o medio vacío”, ante los mismos acontecimientos, pero resulta escandaloso, a la vez que denigrante para este gremio, escuchar a algunos de sus integrantes, manipular a la opinión pública con algunos juicios de valor descabellados, que pueden provocar una alarma social innecesaria en muchas ocasiones y conducir a enfrentamientos entre distintos pueblos, estratos sociales o colectivos profesionales.

 

Se puede considerar no solo lícito, sino también necesario, que en las distintas sesiones plenarias a nivel local, municipal, provincial y nacional, representantes de los distintos partidos políticos, discrepen y dialoguen con el fin de alcanzar consensos, que permitan dar respuesta a las necesidades reales que demandan los ciudadanos. Por tanto, debe exigirse a nuestros representantes públicos, que apliquen la indispensable cordura y mesura en sus declaraciones y actos, y que aporten soluciones a los problemas de la sociedad, sin dejarse llevar por sus anhelos o delirantes aspiraciones. En definitiva, se les entrega la confianza en las urnas, para que sirvan a la sociedad, no para que colmen sus insaciables egos.

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