Ofertas y rebajas

8 abril, 2015

La semana pasada, acudí a un establecimiento de una conocida cadena de comida rápida, atraído por una de las periódicas ofertas que suelen publicitar. El recinto estaba repleto a rebosar, y por momentos, parecía que el asunto iba a cobrar tintes dramáticos, ante semejante avalancha humana, en pro de hacerse con una preciada masa circular de pan horneado, aderezada con la dadivosa cantidad de un ingrediente (eso sí, a elegir, qué detallazo). Puede que no se hubiera planificado con acierto, el escalado de la plantilla ante desmesurada riada de gente, o puede que los gestores de la promoción, hubieran decidido previamente, no actuar con excesiva diligencia, ante la más que exitosa respuesta de público que podía producirse y que de hecho se produjo, y no incorporar ningún refuerzo para hacer frente a dicho pico de demanda, con el consiguiente aumento de los beneficios (no sé porqué, pero tengo el pálpito de que esta última opción es la que seguramente se ajustase más a la realidad del asunto, ¿no creéis?).

 

Sea como fuere, no está entre mis objetivos a corto plazo (o sea, en el tiempo que me lleve estrujarme la mollera, para redactar este artículo), hacer una disertación sobre la “bondad” o “ética” de la clase empresarial de este país, habrá tiempo para ello en otro escrito.

 

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“Psicología” de las rebajas

 

La parte mollar de esta entrada, o al menos, la que pretendo poner bajo la lupa de mi análisis, es el efecto atrayente que tienen sobre los seres humanos, este tipo de propuestas por parte de empresas de muy diversos sectores, y que van más allá de la supuesta necesidad, que en un momento determinado, podamos tener en adquirir un determinado producto, o hacernos con un servicio concreto. Precisamente, esta clase de “gangas”, no tienen como principal característica, el centrarse en el aspecto de utilidad que puedan representar, más allá de que, por supuesto, han de reunir en sí mismas, un cierto grado de provecho para el  consumidor. Su gran atractivo, reside en la rebaja económica que suponen frente a un precio establecido en un momento inmediatamente anterior, y que es considerado, como de referencia. Esta circunstancia, supone un estímulo para que adquiramos algo que se ofrece por un valor, que interpretamos como óptimo, y que nos va a producir un tipo de placer inminente, al considerar que hemos hecho una excelente compra. Quizás, no necesitamos ese artículo o prestación, ni mucho menos, pero la sensación de haberlo obtenido a buen precio, nos reconforta.

 

Me produce verdadero desconcierto, las imágenes que, año tras año, y coincidiendo con los establecidos periodos de rebajas, se repiten a las puertas de los grandes centros comerciales, donde gran cantidad de gente se agolpa, incluso desde varias horas antes de su apertura, con el objetivo de encontrar algún “chollo”. Much@s, ante la pregunta de algún avezado reportero, encargado de cubrir esta especie de eventos, de “¿qué espera encontrar en este sitio?, responden, “pues nada en concreto, si veo algo que está muy rebajado, lo intentaré coger”, es decir, en contadas ocasiones, (siendo generoso), argumentan los intrépidos compradores, que si algo está a buen precio, y es de su interés, harán un conato de compra.

 

Esto lo saben muy bien, los publicistas y anunciantes, que emplean distintos códigos, colores, señales, sonidos y estímulos, para captar nuestra atención. Y es que se dice que la mente, es la gran desconocida del cuerpo humano, todavía queda mucho por descifrar sobre el comportamiento humano. Por supuesto, estos episodios, que pueden parecer triviales, y que tod@s, en mayor o menor medida hemos experimentado, tienen su parte más nociva, ya que se sabe de personas, que tienen una propensión especial ante esta clase de acicates, y que pueden ser víctimas de este trastorno, en cuanto a la enorme dificultad que les supone, controlarse para no caer bajo dichos influjos.

 

Y es que, por más que algo, aparentemente pueda presentarse como una estupenda oferta, no lo va a ser intrínsecamente, sino que dicha condición, necesariamente habrá de estar ligada a una necesidad o función que pueda aportarnos.

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