Padres forzosos

1 Diciembre, 2015

No, no me refiero con el título de este post, a la afamada serie de televisión, que tanto éxito tuvo a finales de la década de los 80 y principios de los 90. Con la expresión padres forzosos, me refiero al desastre que suponen para sus hijos, algunos de sus progenitores con determinados comportamientos.

 

En mi artículo, “padres tóxicos”, ya hacía referencia a ciertos especímenes de la nueva hornada de padres y madres, y que fundamentalmente se caracterizan por ningunear la autoridad de determinados colectivos profesionales, especialmente en presencia de sus hijos.

 

Quizá sea injusto decir que esta “tipología” de padres, sea mayoritaria, pero la virulencia de sus acciones, hacen que el eco de sus conductas resuene muy alto. Si bien es cierto, que no constituyen una generalidad, sí que ha repuntado el número de estos sujetos, que se autodenominan padres, por el mero hecho de haber traído a este mundo a una criatura (maldita la suerte de aquellos niños a los que les ha tocado padecer a semejantes “burropadres”).

 

Para argumentar mi discurso en relación a este tipo de comportamientos, voy a basarme en la escena dantesca que presencié en el día de ayer. Acudía junto a mi cuñado a un centro médico, para que le practicasen una ecografía del sóleo.

 

Cambios en el centro médico

 

La verdad, es que se dieron todos los ingredientes para que el apocalipsis se ciñese sobre este ambulatorio. Parece ser que éste, ha cambiado de propiedad durante los últimos meses, y ello ha propiciado una serie de novedades, que todavía persisten en el tiempo. Una de ellas, ha sido la modificación del sistema informático por el que se rige el centro, y que entre otras cosas, sirve para gestionar las citas.

 

En primer término, este proceso de cambio está afectando a los trabajadores de la institución, pues parece ser que andan un poco perdidos con el nuevo programa, y tienen bastantes dificultades para hacerse con su dominio. Pero también, todo este tinglado afecta a los pacientes, pues se están produciendo demoras importantes a la hora de tramitar los preceptivos volantes para que se puedan realizar las correspondientes pruebas médicas.

 

Otro “sumando” de la explosiva ecuación, lo integra un nuevo recepcionista que recordará por bastante tiempo, su debut en este trabajo. A pesar de que de alguna manera, fuimos “mártires” de la inacción de este nuevo trabajador debido a su poca pericia, no pude evitar ponerme en su lugar, al ver sus infructuosos esfuerzos por tratar de acelerar la atención a los pacientes que se agolpaban tras el mostrador. Como dice el dicho “el que hace lo que puede, no está obligado a más”.

 

Sin embargo, a pesar de lo expuesto sobre el ciclo de cambios en el centro médico, y la inexperiencia del auxiliar administrativo, todo esto queda en mantillas, en comparación con los otros dos elementos restantes de todo este desbarajuste: un médico un tanto pretencioso y el marido australopiteco de una paciente.

 

Padres forzosos

 

Imprevistos y malos modos

 

Los hechos que desencadenaron la polémica, se desarrollaron de la siguiente manera. Una vez iniciada su consulta, el doctor tuvo que intercalar en su lista de pacientes, a una persona que había llegado tarde a su cita por unos minutos y que ya había sido nombrada. Atendida esta paciente, el galeno salió a llamar al siguiente en la lista, y ahí es cuando se inició todo el desaguisado.

 

Al parecer, había una mujer que no figuraba en el listado que se le había proporcionado al galeno. Esta mujer aseguraba tener cerrada su cita con un mes de antelación, y mostraba su estupefacción cuando se le comunicaba que no figuraba entre los pendientes.

 

El médico, con un cierto aire de chulería (ese fue su error), dijo que no iba a atender a nadie más que no estuviese en el orden del día, y que iba a proseguir con éste. Ahí es cuando entra en escena el marido de esta señora, y airadamente recrimina al doctor su actitud prepotente.

 

Violencia verbal y empujones

 

Pero la cosa, no quedó ahí. Ante la desatención con que le obsequió el médico, este individuo optó por obstaculizar el pasillo que debía conducir al ecógrafo a su consulta, amenazando al mismo con acabar con su jornada laboral si no procedía a practicarle la pertinente ecografía a su mujer. La escena subió de tono, y el marido de la paciente propinó un par de empujones al médico, subiendo considerablemente los decibelios de su discurso.

 

Al final, fue la propia mujer, y la hija de este matrimonio (en edad adolescente) las que tuvieron que mediar, para evitar una agresión más contundente hacia el médico, intentando convencer a su marido/padre, respectivamente, para que desistiese de su actitud.

 

Como he comentado, el médico tuvo un traspié al expresar de forma vehemente, su negativa a aceptar más imprevistos en su consulta, pero eso no justifica de ningún modo, la actitud cavernícola del marido de la paciente. ¿Qué ejemplo puede dar esta persona a su hija con esta actitud?

 

No puedo afirmar con certeza absoluta, que este señor sea un tipo violento, pero la forma en la que manifestó su disconformidad y la violencia que denotaban sus gestos, parecen denotar un patrón de conducta que seguramente se haya repetido en más de una ocasión en la vida de este individuo.

 

Ser padre o madre, responsabilidad indelegable

 

Como he dicho al inicio de este post, ser padre o madre, no consiste solamente en traer al mundo a un niño, (en cualquiera de sus variantes), o bien firmar unos papeles que acrediten una adopción.

 

Quizá todo esto sea lo menos importante de todo lo que representa la figura de un padre o una madre. Dejando a un lado, las cuestiones académicas que puedan delegarse en el sistema educativo, debe corresponder a los padres, transmitir a sus hijos, unos valores de convivencia, civismo y respeto por los otros.

 

Puede parecer absurdo, pero no todo el mundo está capacitado para asumir estas funciones. Así como para ejercer una determinada profesión, se exige una formación, de alguna manera debería regularse la figura paterna o materna. No en vano, que “trabajo” más importante van a desempeñar en su vida, aquellas personas que deciden tener descendencia.

 

Hay much@ irresponsable suelt@, que considera que su misión en este sentido es solamente tener hijos y dejar en manos de “Papá Estado”, su desarrollo y formación.

 

Conviene señalar que es importante que la Administración sea capaz de articular un escenario de conciliación de la vida laboral y familiar, que posibilite una mayor implicación de los padres en la educación de sus hijos. Sin embargo, nadie puede excusarse en este problema, para eludir sus responsabilidades y menos aún para maleducar a sus hijos.

 

¿Consideras que cada vez, los padres son menos respetuosos con profesionales como médicos o maestros?

Comentarios

3 respuestas a “Padres forzosos”

  1. Faro de Niel dice:

    […] con semejante torpeza intelectual, cuando no, malicia nauseabunda, cómo podemos esperar que eduquen correctamente a sus hijos. Por suerte, algunos de sus vástagos, a pesar de la mezquindad de sus progenitores, aprenderán en […]

  2. Jaime LaBorrega dice:

    Lo dire en una sola frase. Eres el puto amo cojones!!!

    • El Faro de Niel dice:

      Buenas tardes Jaime:

      Disculpa la tardanza en contestar, pero tal y como le comentaba a otro amigo de este espacio, he tenido un poco “descuidado” este blog durante las últimas semanas, debido a otros quehaceres. Gracias por tu comentario, así como por la vehemencia con que te expresas.

      ¡Saludos!

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