Padres tóxicos

8 mayo, 2015

Vivimos tiempos convulsos en lo que a la enseñanza se refiere. La calidad de la educación ha ido disminuyendo durante los últimos años, hasta mínimos insostenibles. A ello, han contribuido diversos factores, desde los generados por las instituciones públicas, encargadas de velar por la excelencia educativa, hasta los de índole social y familiar.

 

Entre los primeros, destaca una pésima política educativa, la cual ha sido modificada a su antojo, por los sucesivos gobiernos nacionales y autonómicos, fruto de una improvisación y falta de consenso aberrantes.

 

Pero también, se suman a este desastre formativo, elementos tales como, una malentendida sobreprotección de l@s jóvenes, ya desde sus inicios académicos, la cual ha propiciado un reblandecimiento extremo de los cimientos que han de soportar un sistema educativo, que se supone orientado a la sublimidad.

 

Donde me interesa poner el foco de este post, es en la responsabilidad que los núcleos familiares y en particular, los padres de las “criaturas”, tienen en todo este despropósito. Les he calificado como padres tóxicos, por su dañina influencia, ya no solamente en el proceso educativo de sus hij@s, sino también en el forjado de su personalidad, la cual ha de fraguarse en sus casas.

 

padres tóxicos

 

Despreocupación

 

Parece una creencia muy extendida entre este tipo de progenitores, que “papá estado” o “mamá comunidad autónoma”, han de encargarse en exclusiva, de la educación de sus vástagos, entendiendo las escuelas y colegios, como meros centros donde pueden “depositar” a sus niñ@s, y ahorrarse sus travesuras, durante un buen puñado de horas al día.

 

Claro, si partimos de esa concepción cerril, apañados estamos. Los centros escolares, han de velar por la formación de quien a ellos asiste, pero no puede en ningún caso, delegarse en los mismos, la enseñanza de valores y creencias, pues solo al ámbito familiar corresponde semejante tarea.

 

La verdad es que es tema, me toca muy de cerca, pues se da la circunstancia de que mi madre es maestra de enseñanza primaria, con nada menos que 52 años de experiencia a sus espaldas. Éste, es su último curso en activo, pues está próxima a cumplir 70 años, edad obligatoria de jubilación en el sistema público. Nunca ha estado en su ánimo la jubilación anticipada, pues hasta el momento, (toquemos madera, como ella suele decir) ha podido desempeñar con destreza y sin graves contratiempos, su profesión. ¡Qué suerte la suya! No solamente, no le ha supuesto un quebradero de cabeza su cargo, sino que además se ha ganado la vida, a través de su verdadera pasión, inculcada por mi abuelo, otro estajanovista de la enseñanza.

 

Tiene mi madre un cierto respeto a su jubilación, propio de las personas que sienten un vacío en sus vidas, al tener que dejar de lado, algo que les ha ocupado y llenado durante tanto tiempo. Parece mentira, pero viene comentando últimamente, que quizás no vaya a echar tanto de menos la enseñanza, ya que todo lo que la rodea, ha experimentado un enorme cambio.

 

Irresponsabilidad manifiesta

 

Una de las principales razones que esgrime mi madre, es la desvergüenza y la falta de respeto crecientes de los padres, para con el profesorado. ¡Qué transformación tan brutal se ha producido en este sentido! Si echamos la mirada atrás, durante las últimas décadas, la autoridad de los maestros y profesores, ha ido cayendo en picado. Lejos, quedan aquellos tiempos en los que si un niño decía en su casa que el maestro le había castigado, era reprendido severamente por sus padres, e incluso, podía ser objeto de algún que otro “cachete”.

 

Sin embargo, hoy en día, hemos pasado al otro extremo. Me comentaba mi madre el otro día, una más, de las diversas anécdotas desagradables a las que se ha tenido que enfrentar a lo largo de su largo periplo profesional. En esta ocasión, ella y tres maestros más, recibían en el colegio a los padres de un alumno de primaria, cuyo comportamiento había dejado que desear, durante los últimos meses.

 

En concreto, su última “hazaña”, había sido la de proferir insultos a distintos profesores, golpear a varios de su compañeros, imposibilitar el correcto devenir de las clases, y como colofón, ningunear la jerarquía de cuantos educadores, intentaban sin éxito, modificar su conducta.

 

Pues bien, como digo, sus padres habían sido requeridos por el colegio, con objeto de comunicarles las “andanzas” de su retoño, el cual no era novel en estas lides. Qué sorpresa (miento, ya que esta dinámica está proliferando desde hace tiempo) la de los organizadores de la entrevista, cuando encuentran a unos padres “a la defensiva”, justificando el comportamiento de su hijo. Si había pegado a un compañero, era porque primero había sido objeto de otra “agresión”, si había ofendido a algún profesor, era porque éste le tenía una manía injustificada, y así sucesivamente. El principal cometido de estos “ejemplares” padres, era desmontar cada uno de los comentarios que se les manifestaban, en lugar de tratar de comprender que estaba en juego la educación de su hijo y, sobre todo, la modificación de sus hábitos, en una edad en la que todavía es posible su reconducción.

 

O la sociedad asume su trascendente papel en la educación de sus jóvenes, o nos encontraremos con un futuro turbio, ya que, los que hoy en día acuden a las aulas, mañana deberán tomar las riendas de la comunidad. Además de exigir una capacitación adecuada para el desempeño de un puesto de trabajo, cada familia en sus casas, habrá de procurar la inculcación de unos valores que posibiliten una mejor convivencia.

 

¿Eres padre o madre? ¿Consideras activa tu labor al frente de la educación de tus hij@s?

Comentarios

4 respuestas a “Padres tóxicos”

  1. Erzid dice:

    Buenas noches,

    Al leer este artículo tiemblo al pensar la clase de monstruitos que estamos creando; pequeños dictadores que se amparan en las pocas horas que sus padres dedican a su educación (entiendo que no ayuda mucho la facilidad que nuestras empresas y gobiernos crápulas de toda índole y color permiten conciliar la vida laboral y familiar). Creo que hasta que la figura del maestro o profesor de instituto no sea convenientemente revindicada y sobre todo, valorada y respetada, seremos una sociedad decadente y carente de valores. En los países verdaderamente civilizados (desgraciadamente no es el caso de nuestro país) la figura del maestro es SAGRADA ya que en sus manos comienzan a formarse sus médicos, sus ingenieros, sus científicos y demás capital humano imprescindible para convertirse en un país mejore.

    Sigamos así. Al final tendremos lo que nos merecemos; en lugar de jóvenes bien formados y preparados como los que tenemos ahora y que desgraciadamente han tenido que marcharse dejándolo todo, tendremos mandriles y concursantes de Gran Hermano o de Mujeres y Hombres y Viceversa. Merecido lo tendremos.

    • El Faro de Niel dice:

      Hola Erzid, por desgracia, es la realidad de la sociedad en la que vivimos. Es imprescindible, un cambio drástico de mentalidad e implicación de las familias, y potenciar, como bien dices, la autoridad de profesores y maestros, para garantizar una sólida base, en la formación y educación de nuestros jóvenes.
      Gracias por tu aportación.
      ¡Saludos!

  2. Faro de Niel dice:

    […] mi artículo, “padres tóxicos”, ya hacía referencia a ciertos especímenes de la nueva hornada de padres y madres, y que […]

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