Por qué tenemos que respetar las leyes

17 Noviembre, 2015

Aunque este post no surge con la intención de ser un monográfico de la situación acontecida en Cataluña, con motivo de la incansable y repetitiva advertencia independentista, sí que puede aplicarse su contenido, a lo acaecido en aquellos lares.

 

Por qué tenemos que respetar las leyes, me pregunto. Se agolpan sobre mi cabeza de pensador de tercera división (aunque pensador al fin y al cabo, esa honra me queda…) un montón de buenas razones para responder a esa pregunta.

 

Ordenamiento jurídico

 

Como punto de partida, podemos decir que el ordenamiento jurídico, como su propio nombre indica, viene a poner coto a una serie de comportamientos o actitudes, para que pueda establecerse una convivencia mínimamente aseada entre los habitantes de un pueblo, comunidad, país, etc., en función del ámbito territorial a que se circunscriba un precepto determinado.

 

Claro, fundamental que todo este compendio de leyes, se recoja por escrito. No puede dejarse nada al libre albedrío de la condición humana, apelando al sentido común o la buena intención de los seres humanos, pues todavía está por demostrar lo uno y lo otro.

 

Como digo, no voy a realizar ningún alegato a favor o en contra de la independencia de Cataluña, en formato “hooligan”. Lo único que puedo decir, es que bajo mi humilde punto de vista, es mejor sumar que restar, pero por supuesto, cada cual puede tener su opinión en este sentido, y todas son igual de respetables.

 

por qué tenemos que respetar las leyes

 

El fin no justifica los medios

 

Ahora bien, donde ya sí que me mojo hasta el tuétano, es en relación a las medidas que se están enarbolando desde el sector secesionista para conseguir este fin. No todo puede valer, ya lo dice el refrán: “el fin no justifica los medios”.

 

Y es que en este punto, sí que no debería haber discusión alguna. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Lo que inhabilita la independencia, no es su fin ulterior, sino las conductas que están siguiéndose para llegar a ella, cada una de ellas más cuestionable e ilegítima que la anterior.

 

Por muy loable que sea el objetivo marcado, no pueden adoptarse discursos al margen de la ley, ni mucho menos, plasmarlos en actos de deslealtad hacia la Carta Magna.

 

Descrédito del poder judicial

 

Desde hace un tiempo, estamos asistiendo a un espectáculo lamentable, en cuanto al descrédito sufrido por el poder judicial en España. Continuamente, vemos cómo resoluciones dictadas por los más altos estamentos judiciales, como pueden ser el Tribunal Constitucional o el Tribunal Supremo, quedan en agua de borrajas.

 

Parece como si los laudos dictados por la Magistratura, se promulgasen de cara a la galería, pues vemos como especialmente en este tema, no tienen fuerza alguna sobre los presuntos culpables. Este hecho, unido a su vez, a la mofa que éstos hacen de su desobediencia a las normas, y a la inexistencia de consecuencias para ellos, refuerza su conducta y hace que se “envalentonen” para aumentar su “órdago”.

 

Ejemplos clarificadores

 

A continuación, expongo un par de ejemplos clarificadores, para poder visualizar mejor esta situación de despropósito sin límites:

 

Me pongo a fantasear sobre el hecho de coger mi coche y conducir por una autovía a 180 kilómetros por hora, hasta ser interceptado por una patrulla de la Guardia Civil para multarme. ¿Yo también podría reírme en la cara de los agentes de la benemérita y espetarles que la sanción, la iba a pagar “Rita la cantaora”? Lo más probable, es que si hiciese algún ademán, acabase en el “cuartelillo”, y con razón…

 

O por ejemplo, imaginad que algun@ de vosotr@s fuese a un supermercado, y procediese a llenar el carrito de la compra con todo tipo de artículos. Poneos en situación. Suponed que estáis atravesando una muy mala racha, y que no tenéis dinero ni para abasteceros de los productos más básicos. A la hora de pagar, salís corriendo, haciendo un “simpa” antológico y llevándoos por delante al entregado vigilante de seguridad que intenta interceptaros, ¿creéis que vuestra “hazaña” quedaría impune?

 

Ojo, aquí no estoy poniendo en tela de juicio, si es ético o no, que intentaseis robar comida para satisfacer vuestras necesidades más primarias. Habría que verse en una situación tan extrema (ojalá que no) pero probablemente, yo intentaría saltarme algunas reglas para garantizar mi subsistencia, en el caso de que ésta se viera seriamente amenazada y que no tuviese ningún recurso asistencial. Afortunadamente, en nuestro país está garantizada la alimentación de todas aquellas personas que lo necesiten, sin tener que recurrir a estos extremos, gracias a la labor encomiable de los comedores sociales.

 

Como dicen en los programas de acción de televisión, “no intentéis hacer nada de eso en vuestras casas o en la calle, dejádselo a un especialista”.

 

La ley ha de ser igual para todos

 

Bromas aparte, la ley ha de ser igual para todos (igual estoy pecando de iluso, en ese caso disculpadme). ¿Acaso hay personas con un pedigrí especial, que les hace inmunes a ciertas leyes?

 

¿O será que sus intereses son más legítimos que los de las supuestas personas, que igualmente cometen ilegalidades? Es muy peligroso, a la par que inviable, que alguien decida unilateralmente cuándo y cómo no respetar la ley. Ahora me conviene, ahora no…

 

El envolverse en una determinada bandera, no confiere a nadie ninguna propiedad especial, que le haga “pasar de refilón” por el ordenamiento jurídico. Si no respetamos las leyes, ¿qué nos queda? Nos convertiríamos en un territorio anarquista, en el que los delitos se sucederían uno tras otro.

 

Si las leyes dejasen de tener valor, y el poder judicial pasase a ser una institución meramente ornamental, ¿a quién acudiríamos para ejercer nuestros derechos cuando nos sintiéramos agraviados? ¿Os podéis imaginar un escenario de tal magnitud?

Comentarios

2 respuestas a “Por qué tenemos que respetar las leyes”

  1. Virginia dice:

    Hola! Qué importante resulta poner lo obvio blanco sobre negro!
    Porque a veces se nos va olvidando poco a poco. Excelente reflexión a la que sólo añadiría el matiz de que con igual firmeza que debemos exigir respeto a la ley debemos plantearnos cuándo la ley “caduca” y cómo y cuando es necesario actualizarla, precisamente para que siga siendo posible asumir el coste de hacerla respetar
    Un abrazo!

    • El Faro de Niel dice:

      Hola Virginia:

      Así es, por obvio que parezca, no está de más recordar la importancia del respeto a las leyes. Sobre todo, en estos tiempos convulsos donde parecen ser tratadas como disertaciones metafísicas de no obligado cumplimiento. Me parece muy interesante la aportación que realizas, aunque hay que decir que existen mecanismos para su modificación, y precisamente por ello, si se desea realizar algún cambio, deben seguirse los cauces prefijados.

      Encantado de leerte.

      ¡Saludos!

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