Salud mental

23 abril, 2015

En la actualidad, y a consecuencia de esta malévola crisis que nos azota, vivimos en una sociedad castigada por el desempleo, y marcada por la exclusión social que genera el mismo. Son millones, los puestos de trabajo que han desaparecido durante estos últimos años, y con ellos, la esperanza de muchas personas y familias enteras, por recuperar el rumbo adecuado en sus vidas.

 

Parece que empezamos a remontar ligeramente, o al menos lo establecen así los indicadores macroeconómicos, a los que se suelen aferrar los gobernantes, para validar el éxito de sus programas en esta materia. Pero, si bien es cierto, que las grandes cuentas del estado, comienzan a enderezarse, tras esa fina y frágil capa de optimismo, siguen vislumbrándose, historias personales ciertamente desgarradoras, por la incapacidad de estas gentes, de reintegrarse al mercado laboral.

 

Baja autoestima

 

Por si fueran pocos, los problemas acontecidos en la subsistencia diaria de estos individuos, se añade el hecho, de una pérdida de autoestima enorme. Desde diversos espacios informativos, inconscientemente, son señalados como una “carga” que ha de soportar el resto del país, refiriéndose a ellos como meros números, a los cuales hay que procurar, unas prestaciones que suplan su carencia de ingresos.

 

Tened en cuenta, que hasta el momento, solo estamos considerando un lapso crítico (maldito período) que más tarde o temprano, terminará por pasar (esperemos que lo antes posible). Imaginad cómo han de sentirse, determinados colectivos, que por sus circunstancias personales, bien sean físicas o psíquicas, han tenido que convivir desde siempre, con un difícil “encaje” en el sistema productivo de este país.

 

Me gustaría centrarme en este post, en las personas que padecen una discapacidad psíquica, pues, sin restar importancia en modo alguno, a tod@s aquell@s que experimentan alguna limitación de tipo físico, los primeros, además de tener una determinada restricción capacitadora para algunos empleos, son estigmatizados por su condición de “enfermos mentales”.

 

Aunque la sociedad ha avanzado mucho en este sentido, todavía existe un cierto tabú, a la hora de referirse a estas personas, y son “catalogados” en muchas ocasiones, con un tono peyorativo (al que hacía mención en mi artículo “síndrome de down“). Sumado al desconocimiento, que todavía persiste en relación a la mente humana, hay que tener en cuenta, la penosa e infundada “herencia”, recibida en el campo de la salud mental. Durante muchos años, se ha tratado como “animales” (aplíquese la acepción más cruel y asilvestrada de este vocablo), a estas personas.

 

salud mental

 

Abajo los estigmas

 

Hemos de evolucionar, y actualizar con mucho más vigor, nuestra capacidad de tolerancia y empatía para con este colectivo, pues de lo contrario, estaremos comportándonos como una sociedad desnaturalizada y repugnante, donde prima, por encima de otras consideraciones, el “éxito” personal y el egocentrismo.

 

Con frecuencia, focalizamos la valía de alguien, en su capacidad para desarrollar una tarea satisfactoriamente, y medimos el grado de celebridad de una persona, a través de las ganancias que pueda llegar a atesorar, y que le permiten gozar de una consideración social óptima, tal y como apuntaba en mi post “soy”.

 

En algunos casos, tendríamos que aprender de algunas de estas personas con alguna alteración psicológica, para hacer de éste, un mundo más justo, y respaldado en unos sólidos valores éticos. Much@s de ell@s son “portadores”, de un cariño infinito y una gratitud sincera, que es digna de elogio. Otr@s, por desgracia, no tienen capacidad alguna para exteriorizar su complacencia, a quien de ellos se ocupa.

 

Si queremos tener un mínimo respeto por nosotros mismos, como pueblo, no podemos permitir, que acontezcan situaciones como las que se están produciendo en los últimos tiempos, donde estos pacientes, y por ende, sus núcleos familiares, no son contemplados convenientemente, ni desde el punto de vista económico, ni asistencial, por las instituciones gubernativas pertinentes. Resulta inaceptable, que las autoridades hagan caso omiso, de las necesidades de este gremio, dejándoles a su suerte, en un camino sin retorno.

 

Es obsceno, asistir a este “espectáculo” bochornoso, en el que se despilfarra dinero público con fines espurios, y no pueda dotarse a estas familias, con una prestación digna y conforme a derecho, que mitigue mínimamente, el sufrimiento por el que han de transitar. ¿Es éste, el estado de derecho, del que pretenden algún@s, nos sintamos orgullosos? Si es así, prefiero renegar del mismo y apartarme diametralmente de los “ideólogos” de tan cruento sistema.

 

Debiera exigirse a los representantes públicos, un cumplimiento exhaustivo de la legislación vigente, así como la asignación a esta partida, de unos presupuestos más acordes con la realidad. Puede que no haya capacidad, sobre todo en estos momentos, para poder atender la totalidad de necesidades del país, pero, sin duda alguna, no ha de ser ésta, una de las damnificadas. Qué tenemos más preciado, que nuestra salud.

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